Tengo un amigo cuya única motivación en la vida parecen ser las series americanas. Las ha visto de todo tipo y condición aunque las de forenses, agentes y abogados parecen ser sus favoritas.
E., así es como se llama, lo tienen todo calculado. Sabe que si no se retrasa en la comida le da tiempo a ver un capítulo entero antes de volver al curro y que en una tarde de sábado o domingo puede llegar a los seis, siempre y cuando consiga convencer a su paciente novia de que lo mejor es quedarse en casa una tarde más.
He discutido mucho con E. sobre esto, comprendía que le gustasen pero llegar a tal extremo me parecía patológico.
Desde hace unos días lo entiendo mejor, creo que yo también me he enganchado. Y como si se tratase de un novio egocéntrico y adictivo, me siento absorvida por una cochina serie americana en la que capítulo tras capítulo un puñado de ricachones apuran sus vidas junto a parejas que sacan el hipo, lofts de ensueño y coches que jamás tendré. ¡Mierda!
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